lunes, 30 de noviembre de 2009

Bendiciones

SEÑOR:

Hoy por la mañana, mi cama estaba calientita
y no me quería despertar.

No me quería levantarme quería, quedar ahí,
sin tener que preocuparme por nada…

Pero !!! entonces recordé que no debía hacerlo

Porque existen millones de personas que darían
cualquier cosa por estar en mi lugar,
tener un techo en donde vivir,
levantarse y tener un trabajo a donde ir,
tener algo que comer,
tener ropa con que vestir.

Hoy, señor, te agradezco por la noche maravillosa
que he pasado, por tus ángeles que velaron mis sueños,
por la cobija que me calienta,
por mis alimentos, por un día mas de trabajo y
principalmente por un día mas de vida.
¡¡¡ Bendice señor a mi familia, a mis amigos,
a mis compañeros de trabajo y,
sobre todo a mis enemigos,
porque también ellos necesitan de ti,
bendice señor
a la persona que esta leyendo este mensaje ahora,
tu sabes el afecto que le tengo. !!!


domingo, 29 de noviembre de 2009

El valor de la honestidad

Cuentan que un padre de familia fue a un parque
de diversiones con sus dos hijos,
uno de 3 años de edad y otro de 6 años.

La entrada valía cinco dólares para niños menores
de 5 años y diez para los mayores de 5 años.
Cuando se acercó a la entrada,
el boletero le preguntó la edad de los niños.

El hombre respondió "Tres y seis años".
El boletero le replicó: Usted es un tonto?
Me ha podido decir que tiene tres y cinco años
y pagar sólo la tarifa de cinco dólares.
Ahora que me dijo la verdadera edad de sus hijos,
tendré que cobrarle más.
Acaso alguien se habría dado cuenta ?

El padre le respondió: "Sí, mis hijos"

El árbol de los deseos

Una vez un hombre estaba viajando y entró al paraíso
por error. En el concepto indio del paraíso,
hay árboles que conceden los deseos.
Simplemente te sientas bajo uno de estos árboles,
deseas cualquier cosa e inmediatamente se cumple
no hay espacio alguno entre el deseo y su cumplimiento.

El hombre estaba cansado, así que se durmió bajo un
árbol dador de deseos. Cuando despertó, tenía hambre,
entonces dijo: "¡Tengo tanta hambre!
Ojalá pudiera tener algo de comida".
E inmediatamente apareció la comida de la nada
simplemente flotando en el aire, una comida deliciosa.
Tenía tanta hambre que no prestó atención
de dónde había venido la comida.
Cuando tienes hambre, no estás para filosofías.
Inmediatamente empezó a comer y la comida
estaba tan deliciosa! Una vez que su hambre estuvo saciada,
miró a su alrededor. Ahora se sentía satisfecho.

Otro pensamiento surgió en él:
"Si tan sólo pudiera tomar algo!"
Y por ahora no hay ninguna prohibición en el paraíso,
de modo que de inmediato apareció un vino estupendo.
Mientras bebía este vino tranquilamente
y soplaba una suave y fresca brisa bajo la sombra del árbol,
comenzó a preguntarse:

"Qué está pasando? ¿Estoy soñando o hay fantasmas
que están jugándome una broma?"
Y aparecieron fantasmas feroces, horribles, nauseabundos.

Comenzó a temblar y pensó:
"Seguro que me matan!" Y lo mataron.
Esta es una antigua parábola, de inmensa significación.
Tu mente es un árbol dador de deseos: pienses lo que pienses,
tarde o temprano se verá cumplido.
A veces, la brecha es tan grande que te olvidas
por completo que lo deseaste, de modo que no
puedes reconocer la fuente.
Pero si observas profundamente, hallarás que todos
tus pensamientos te están creando a ti y a tu vida.
Crean tu infierno, crean tu cielo.
Crean tu desgracia y tu alegría, lo negativo y lo positivo...

Es posible

Cuenta una antigua leyenda, que en la Edad Media un
hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de
haber asesinado a una mujer.
En realidad, el verdadero autor era una persona muy
influyente del reino, y por eso, desde el primer momento
se procuró un "chivo expiatorio", para encubrir al culpable.

El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría
escasas o nulas esperanzas de escapar al terrible veredicto:
¡La horca! El juez, también comprado, cuidó no obstante,
de dar todo el aspecto de un juicio justo,
por ello dijo al acusado:
"Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor,
vamos a dejar en manos de él tu destino:
Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras
'culpable' e 'inocente'. Tú escogerás y será la mano de Dios
la que decida tu destino".
Por supuesto, el mal funcionario había preparado
dos papeles con la misma leyenda:
'CULPABLE'.
Y la pobre víctima, aún sin conocer los detalles,
se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa.
No había escapatoria.

El juez ordenó al hombre tomar uno de los papeles
doblados. Este respiró profundamente, quedó en silencio
unos cuantos segundos con los ojos cerrados,
y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse,
abrió los ojos y con una extraña sonrisa,
tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca,
lo tragó rápidamente.

Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon...
"pero, ¿qué hizo...?, ¿y ahora...?,
¿cómo vamos a saber el veredicto...?"
"Es muy sencillo, respondió el hombre... es cuestión
de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía
el que me tragué". Con un gran coraje disimulado,
tuvieron que liberar al acusado
y jamás volvieron a molestarlo...

Por más difícil que se nos presente una situación,
nunca dejemos de buscar la salida,
ni de luchar hasta el último momento.
Muchas veces creemos que los problemas no tienen solución
y nos resignamos a perder y no luchar,
olvidando aquellas palabras que dicen:
"Lo que es imposible para el ser humano,
es posible para Dios"

Gorriones

Había una vez un agricultor que cierta noche fría

de invierno oyó un golpeteo irregular contra la puerta.

Fue hacia una ventana y vio cómo varios pequeños gorriones

atraídos por el evidente calor que había dentro de la casa,

se golpeaban contra el vidrio de la puerta.

Conmovido, el agricultor se abrigó bien y cruzó el patio
cubierto de nieve para abrir la puerta del granero
para que los pobres pájaros pudieran entrar.
Prendió las luces y echó algo de heno en un rincón.
Pero los gorriones, que se habían dispersado en todas direcciones
cuando él salió de la casa, se ocultaban en la oscuridad, temerosos.

El hombre intentó varias cosas para hacerlos
entrar en el granero. Hizo un caminito de migas de pan
para guiarlos. Dio vuelta por detrás de donde estaban los
pájaros para ver si los podía espantar en dirección
al granero. Nada dio el Resultado esperado.
Él, una enorme criatura extraña, los aterrorizaba;
los pájaros no podían entender que él estaba
tratando de ayudarles.

El hombre de campo se retiró a su casa y observó a los gorriones
a través de su ventana. Mientras los observaba,
un pensamiento le llegó de repente:
"¡Si tan sólo pudiera convertirme en un pájaro,
ser uno de ellos por un momento!
Entonces no los asustaría.
Les podría mostrar el rumbo hacia el calor y la seguridad."

Y casi al mismo tiempo, otro pensamiento le golpeó
con gran fuerza.
Entendió la razón por la que Jesús había nacido.

El niño y el perrito

El dueño de una tienda estuvo clavando un anuncio

al frente de su lugar de comercio que dijo

Se Vende Perritos

cuando de repente un niño apareció y le preguntó,

¿Cuánto cuesta comprar uno de estos perritos?

El dueño contestó, dependiendo al perro,

cuesta de $300 a $500 pesos cada uno.

El niño puso su manito en su bolsillo y sacó algunas

moneditas y dijo, sólo tengo veinte siete pesos con

cincuenta centavos. ¿Me dejarás por lo menos ver

y tocar con uno de los perritos?

El dueño rió y dijo, por supuesto, abrió la jaula

y sacó uno de los perritos más hermosos.

El niño observó que uno de los perritos estaba

escondiéndose en el rincón de la jaula y que andaba

como que si era cojo. El niño preguntó,

Y qué anda mal con este perrito, Señor?

El dueño explicó que tenía algo mal con su cadera

y que siempre será cojo.

El niño empezó a animarse bastante y dijo,

Ese es el perrito que deseo comprar.

El dueño dijo, no, hijo mío, tu no quieres comprar

ese perrito. Si lo quieres, simplemente te lo regalo.

El niño apunto su dedo al dueño y dijo, no señor.

No quiero que me regalas este perrito.

Ese perrito tiene el mismo valor que cualquiera

de los otros perritos. Y yo estoy dispuesto a pagar

el precio completo. Si está bien contigo, te entregaré

todo lo que tengo, los veintisiete pesos con cincuenta

centavos y te prometo pagar cincuenta centavos c

ada mes hasta pagar por el perrito por completo.

El dueño siguió insistiendo que no debería de comprar

ese perrito. Es que no entiendes, niño.

Este perrito nunca jamás podrá brincar y correr contigo

como los demás perritos deben.

Para su gran sorpresa el niño levanto uno de sus pantalones

y le mostró el soporte de metal que reforzaba

su pierna destrozada por el polio.

Pues yo tampoco brinco y corro bien,

dijo el niño con voz muy suave, y este perrito

necesitará a alguien que le entiende bien.

Vive como las flores

... Maestro, ¿qué debo hacer para no quedarme molesto?..
Algunas personas, hablan demasiado, otras son ignorantes.
Algunas son indiferentes. Siento odio por aquellas
que son mentirosas y sufro con aquellas que calumnian.

- ¡Pues, vive como las flores!, advirtió el maestro.
- Y ¿cómo es vivir como las flores?, preguntó el discípulo.

- Pon atención a esas flores
-continuó el maestro, señalando unos lirios
que crecían en el jardín.

Ellas nacen en el estiércol, sin embargo
son puras y perfumadas. Extraen del abono maloliente
todo aquello que les es útil y saludable, pero no
permiten que lo agrio de la tierra manche
la frescura de sus pétalos.

Es justo angustiarse con las propias culpas, pero no
es sabio permitir que los vicios de los demás te incomoden.
Los defectos de ellos son de ellos y no tuyos.
Y si no son tuyos, no hay motivo para molestarse..
Ejercita pues, la virtud de rechazar todo el mal que
viene desde afuera y perfuma la vida de los
demás haciendo el bien.
Ésto, es vivir como las flores.